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 Los Misioneros del Espíritu Santo queremos compartir con los hombres y mujeres de nuestro tiempo, participando de su cultura y de sus necesidades, el regalo que Dios nos ha dado, que es la Espiritualidad de la Cruz. Queremos acercarnos a las realidades de cruz, para desde ellas anunciar que la vida de Dios vence sobre las realidades de muerte y encuentra sentido aún en los momentos más difíciles de nuestra historia. Queremos hacer presente a Jesús Sacerdote contemplativo, es decir, sacerdote que tiene el corazón puesto en Dios su Padre y en las personas de sus hermanos, que está especialmente atento a los que sufren mayor necesidad y que alimenta su corazón con la oración. Queremos hacer presente a Jesús Sacerdote solidario, es decir, a Jesús que se parte y se comparte para que el mundo tenga Vida. Queremos hacer presente a Jesús Sacerdote Víctima, es decir a Jesús disponible a realizar todo y sólo lo que Dios quiera para la salvación de los que ha puesto en su corazón. Queremos tener un rostro concreto: el de Jesús Sacerdote y Víctima, de manera que nuestra forma de vivir exprese y describa sus características inconfundibles: un Amor desinteresado, transparente y dispuesto hasta la muerte, para que todos tengamos Vida y ¡vida en abundancia!. Nuestra espiritualidad se expresa en un símbolo rico en contenido: la Cruz del Apostolado. Este símbolo manifiesta la transformación del dolor humano por medio del amor de Dios, el Espíritu Santo.
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